Bahía (III): Costrumbres de un pez globo

Grabado de un pez globoRecreábame mucho un día en estudiar las costumbres de un Diodon antennatus que cogieron cerca de la costa. Sabido es que este pez, de piel fofa, tiene la extraña facultad de hincharse de modo que casi se transforma en una bola. Si se le saca del agua algunos instantes, así que vuelve a echár­sele al mar absorbe una cantidad grandísima de agua y de aire por la boca y acaso también por las branquias. Absorbe esta agua y este aire por dos medios diferentes: aspira por fuerza el aire, introduciéndolo en la cavidad de su cuerpo, y le impide que vuelva a salir por medio de una contracción muscular visible desde el exterior. Por el contrario, el agua penetra de una manera continua dentro de su boca, que tiene abierta e inmóvil; por tanto, esta deglución del agua debe ser efecto de una succión. La piel del abdomen es mucho más flácida que la del dorso; por eso, cuando este pez se infla, el vientre se distiende mucho más que la super­ficie inferior que por la superficie superior; a causa de esto flota panza arriba. Cuvier duda de que el Diodon pueda nadar en esta postura; sin embargo, entonces, no sólo puede avanzar en línea recta, sino también girar a derecha e izquierda. Este último movimiento lo ejecuta únicamente con las aletas pectorales; en efecto, la cola se baja y no se vale de ella. El cuerpo, gracias al aire que contiene, se hace tan ligero, que las branquias quedan fuera del agua; pero la corriente de este líquido que entra por la boca fluye de continuo por esas aberturas.



Después de haber permanecido inflado durante algún tiempo, el Diodon suele expeler el aire y el agua con mucha fuerza, por las branquias y por la boca. Puede desembara­zarse a voluntad de una parte del agua que dejó entrar. Por tanto, parece probable que sólo absorbe en parte este líquido para regularizar su peso específico. El Diodon posee varios medios de defensa. Puede hacer una terrible morde­dura y echar el agua por la boca hasta cierta distancia, a la vez que mete un ruido extraño agitando las mandíbulas. Además, el inflamiento de su cuerpo hace enderezar las papilas que cubren su piel y que entonces se transforman en aceradas puntas. Pez globo infladoPero la circunstancia más curiosa consiste en que la piel de su vientre, cuando se le toca, segrega una materia fibrosa de un rojo carmín admirable, que mancha el papel y el marfil de un modo tan tenaz, que manchas obte­nidas por mí de esa manera, están aún tan brillantes como el primer día. Ignoro en absoluto cuáles puedan ser la natu­raleza y el uso de esta secreción. El doctor Allande Torres me ha afirmado haber visto a menudo un Diodon vivo, y con el cuerpo inflado, dentro del estómago de un tiburón; además, ha visto que este animal consigue abrirse paso al exterior, devorando, no sólo las paredes del estómago, sino también los costados del monstruo, a quien acaba así por matar. ¿Quién imaginaría que un pececillo, tan blando e insignificante, pudiera llegar a destruir al tiburón con ser tan grande y tan feroz?

Bahía (II): Geología

Formaciones graníticasEn todas partes donde aparece roca viva por toda la costa del Brasil, en una longitud a lo menos de dos mil millas (3.200 kilómetros, desde el Río de la Plata hasta el Cabo de San Roque), y ciertamente a grandísima distancia en el interior de la tierra firme, esa roca pertenece a la forma­ción granítica. El hecho de que esta inmensa superficie está compuesta de materiales que la mayoría de los geólogos creen que cristalizaron cuando estaban calientes y bajo una gran presión, da margen a muchas reflexiones curiosas. ¿Se produjo este efecto bajo de las aguas de un océano pro­fundo? ¿Se extendían sobre esta primera formación otras capas superiores, que luego han desaparecido? ¿Es posible creer que un agente, sea cual fuere y por enérgico que se le suponga, haya sido capaz de poner al descubierto el granito en una superficie de tantos miles de leguas cuadradas, si no se admite al mismo tiempo que ese agente está obrando desde tiempos remotísimos.

Estructuras graníticasA corta distancia de la ciudad, en un punto donde desagua un riachuelo en el mar, he podido observar un hecho que se refiere a un asunto discutido por Humboldt. Las rocas sieníticas de las cataratas del Orinoco, del Nilo y del Congo están cubiertas por una sustancia negra, y pare­cen haberse pulimentado con plombagina. Esta capa, en extremo tenue, fue analizada por Berzelius, y, según él, se compone de óxidos de hierro y de manganeso. En el Ori­noco, esta capa negra se encuentra sobre las rocas, cubiertas periódicamente por las inundaciones, y sólo en los sitios donde el río tiene una corriente muy rápida; o, para emplear la expresión de los indios, «las rocas son negras allí donde las aguas son blancas». En el riachuelo de que hablo, el revestimiento de las rocas tiene un bonito color pardo, en vez de ser negro, y sólo me parece compuesto de materias ferruginosas. Placas de granito. BrasilMuestras de colección son incapaces de dar cabal ideal de esas hermosas rocas morenas, admirable­mente pulimentadas, que resplandecen a los rayos del sol. Aun cuando el riachuelo corre siempre, el revestimiento no se produce sino en los sitios donde, de vez en cuando, las altas olas golpean la roca, lo cual prueba que la resaca debe de servir de agente bruñidor, cuando se trata de las cataratas de los grandes ríos. El movimiento de la marea debe corresponder también a las inundaciones periódicas; por tanto, el mismo efecto se produce en circunstancias que parecen muy diferentes, pero que en el fondo son análogas. Sin embargo, de ningún modo puede explicarse el origen de esos revestimientos metálicos, que parecen sedimentados por cementación sobre las rocas; y aún menos puede expli­carse, en mi sentir, el que su espesor permanezca siempre siendo el mismo.

Bahía (I): Flora y clima

Selva amazónicaSAN SALVADOR DE BAHÍA, BRASIL. 29 de febrero. ¡Qué delicioso día! Pero la palabra delicioso es harto débil para expresar los sentimientos de un naturalista que por vez primera vaga por un bosque brasileño. Lléname de admiración la elegancia de las hierbas, la novedad de las plantas parásitas, la hermosura de las flores, el verde deslumbrante del follaje; pero, por encima de todo, el vigor y esplendor general de la vegetación. Extraña mezcla de rumores y de silencio reina en todas las partes cubiertas de bosque. Los insectos hacen tal ruido, que puede oírselos desde el barco, anclado a varios centenares de metros de la costa; sin embargo, en el interior de la selva parece imperar universal silencio. Todo el que ame a la historia natural siente en un día como este un placer y un júbilo tan intensos que puede prometerse experimentarlo de nuevo. Después de haber andado errante por espacio de algunas horas, vuelvo al punto de embarque; pero antes de llegar me sorprende una tormenta tropical y trato de resguardarme bajo un árbol de una copa tan frondosa, que jamás podría atravesarla un chaparrón como los que vemos en Inglaterra; por el contrario, aquí corre un pequeño torrente a lo largo del tronco al cabo de algunos minutos. A esta violencia de las lluvias debe atribuirse el verdor que alfombra el suelo de los bosques más espesos; en efecto, si los chaparrones se asemejasen a los de los climas templados, se absorbería la mayor parte del agua que cayese y se evaporaría antes de haber podido llegar al suelo. No trataré de describir ahora la magnificencia de esta admirable bahía; porque a nuestro regreso nos detuvimos en ella por segunda vez, y tendré motivo para hablar de esto más adelante.

Fernando Noronha

Fernando Noronha20 de febrero de 1832.­ Según he podido juzgar por las pocas horas pasadas en este sitio, esta isla es de origen volcánico, pero no es probable que sea de fecha reciente. Su carácter más notable consiste en una colina cónica (Morro do Pico) de unos 1.000 pies de altura (300 metros), cuya parte superior es muy escarpada y uno de cuyos lados cae a plomo sobre la base. Este peñón es mono­lítico y está dividido en columnas irregulares. Al ver una de estas masas aisladas, al pronto se está dispuesto a creer que se elevó de repente en estado semifluido. Pero en Santa Helena he podido darme cuenta de que columnas, de forma y de constitución casi análogas, provenían de la inyección de la roca fundida en capas blandas, que al cambiar de sitio, sir­vieron, digámoslo así, de moldes a esos gigantescos obelis­cos. La isla entera está cubierta de bosques, pero la sequedad del clima es tan grande que la vegetación no es demasiado exuberante. Inmensas masas de peñas, dispuestas en columnas, sombreadas por árboles parecidos a laureles y adornadas por otros árboles que dan bellas flores de color rosa, pero sin una sola hoja, forman en admirable primer término una ladera de la montaña.

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Fernando de Noronha

Peñas de San Pablo (III): insectos colonos

Sólo dos clases de aves se encuentran en las Peñas de San Pablo: el alcatraz patirrojo (Sula sula) y la tiñosa común (Anous estolidus). La primera es una especie de ave guanera y la segunda una estérnida. Ambas tienen un carácter tan manso y estúpido, y están tan poco habituadas a recibir visitas, que con mi martillo de geólogo hubiera podido matar cuantas quisiese. El alcatraz pone los huevos en la roca pelada; la tiñosa, por el contrario, construye un nido muy sencillo con algas. Junto a gran número de esos nidos veíase un pececillo volador que el macho (supongo) había llevado para la hembra ocupada en incubar. Un grueso cangrejo de mar muy activo (Grap­sus), que habita en las grietas de las rocas, me daba un espectáculo muy divertido: en cuanto separaba yo de allí a la incubadora, acudía él a robar el pez puesto junto al nido. Sir W. Symonds, una de las pocas personas que han desembar­cado en estos peñascales, me dijo que ha visto a esos mis­mos cangrejos apoderarse de las avecillas jóvenes en los nidos y devorarlas.

No crece ni una sola planta, ni siquiera un liquen, en esta isla; sin embargo, habitan en ella varios insectos y varias arañas. He aquí, a mi parecer, la lista completa de la fauna terrestre: una mosca (Olfersia) que vive a costa del alcatraz, y una garrapata, que ha debido de ser importado por las aves de las cuales es parásito; una polilla morena perteneciente a una especie que vive sobre las plumas; un escarabajo (Quedius) y una cochinilla que vive en los excrementos de las aves, y por último, numero­sas arañas que supongo cazarán activamente a esos peque­ños compañeros de las aves marinas. La tan a menudo repetida descrip­ción, según la cual, en cuanto se forman en el Pacífico islas madrepóricas (coralinas) se apoderan rápidamente de ellas magníficas palmeras, espléndidas plantas tropicales, después aves y a la postre el hombre probablemente no sea correcta. En vez de toda esa poesía, preciso es decirlo para no faltar a la verdad, por desgracia, los prime­ros habitantes de las tierras oceánicas recién formadas, con­sisten en insectos parásitos que viven en las plumas de las aves o se alimentan con los excrementos de ellas, y además innobles arañas.

La más pequeña roca de los mares tropicales que sirve de sostén a innumerables clases de algas y de abrigo a increí­bles cantidades de seres minúsculos (plancton); encuéntrase también rodeada de gran número de peces. Nuestros marinos, en los barcos de pesca, tenían que luchar constantemente con los tiburones para saber a quién perte­necería la mayor parte de los peces que habían picado el anzuelo. Me han dicho que cerca de las Bermudas se había descubierto un peñasco sito a gran profundidad, por el solo hecho de haberse visto muchísimos peces en las cercanías.