Peñas de San Pablo (III): insectos colonos

Sólo dos clases de aves se encuentran en las Peñas de San Pablo: el alcatraz patirrojo (Sula sula) y la tiñosa común (Anous estolidus). La primera es una especie de ave guanera y la segunda una estérnida. Ambas tienen un carácter tan manso y estúpido, y están tan poco habituadas a recibir visitas, que con mi martillo de geólogo hubiera podido matar cuantas quisiese. El alcatraz pone los huevos en la roca pelada; la tiñosa, por el contrario, construye un nido muy sencillo con algas. Junto a gran número de esos nidos veíase un pececillo volador que el macho (supongo) había llevado para la hembra ocupada en incubar. Un grueso cangrejo de mar muy activo (Grap­sus), que habita en las grietas de las rocas, me daba un espectáculo muy divertido: en cuanto separaba yo de allí a la incubadora, acudía él a robar el pez puesto junto al nido. Sir W. Symonds, una de las pocas personas que han desembar­cado en estos peñascales, me dijo que ha visto a esos mis­mos cangrejos apoderarse de las avecillas jóvenes en los nidos y devorarlas.

No crece ni una sola planta, ni siquiera un liquen, en esta isla; sin embargo, habitan en ella varios insectos y varias arañas. He aquí, a mi parecer, la lista completa de la fauna terrestre: una mosca (Olfersia) que vive a costa del alcatraz, y una garrapata, que ha debido de ser importado por las aves de las cuales es parásito; una polilla morena perteneciente a una especie que vive sobre las plumas; un escarabajo (Quedius) y una cochinilla que vive en los excrementos de las aves, y por último, numero­sas arañas que supongo cazarán activamente a esos peque­ños compañeros de las aves marinas. La tan a menudo repetida descrip­ción, según la cual, en cuanto se forman en el Pacífico islas madrepóricas (coralinas) se apoderan rápidamente de ellas magníficas palmeras, espléndidas plantas tropicales, después aves y a la postre el hombre probablemente no sea correcta. En vez de toda esa poesía, preciso es decirlo para no faltar a la verdad, por desgracia, los prime­ros habitantes de las tierras oceánicas recién formadas, con­sisten en insectos parásitos que viven en las plumas de las aves o se alimentan con los excrementos de ellas, y además innobles arañas.

La más pequeña roca de los mares tropicales que sirve de sostén a innumerables clases de algas y de abrigo a increí­bles cantidades de seres minúsculos (plancton); encuéntrase también rodeada de gran número de peces. Nuestros marinos, en los barcos de pesca, tenían que luchar constantemente con los tiburones para saber a quién perte­necería la mayor parte de los peces que habían picado el anzuelo. Me han dicho que cerca de las Bermudas se había descubierto un peñasco sito a gran profundidad, por el solo hecho de haberse visto muchísimos peces en las cercanías.

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